¿Un monstruo o un enfermo?

Surge la pregunta de si una persona que utiliza masivamente mecanismos perversos narcisistas es consciente del daño que provoca y por lo tanto es un monstruo, o es inconsciente de que hace daño y por lo tanto es un/a enfermo/a.

La respuesta no es simple: El perverso narcisista es consciente de que hace daño -por lo que sería un monstruo-, pero es insconciente del verdadero por qué y para qué necesita hacer ese daño -por lo que sería un/a enfermo/a-.  Necesita y desea destrozar la integridad psíquica de su víctima (sería un montruo), pero no se da cuenta de que maltrata a causa de sus conflictos internos, su fragilidad psíquica, de su angustia al abandono y del profundo miedo a reconocer las sombras que hay en su personalidad y en sus actos (por lo que desarrolla enfermedad). Con todo, cabe puntualizar que si le diésemos a la inconsciencia el status de enfermedad, casi todos los humanos estaríamos en ese saco.

Se juzga al perverso narcisista por no tener empatía, por ser un depredador y por ser un proyector de culpa. Pero…  ¿cómo va a tener empatía hacia los demás alguien que no recibió empatía  hacia su propio dolor, sus miedos y sus heridas emocionales cuando era niñ@?  ¿Cómo va a tener empatía alguien que de pequeño no se le pusieron con amor los límites adecuados y acabó creyéndose dios? ¿Cómo va a tener empatía alguien que por circunstancias familiares tuvo que creerse estar por encima del padre/madre (padres ausentes, déspotas, caóticos o negligentes)?¿Cómo no va a proyectar la culpa alguien que tiene terror a ser imperfecto porque cree que lo abandonarán? ¿Cómo no va a estar amargado alguien que cuando era pequeñ@ tenía que ser según las expectativas de sus adultos, y no quien realmente era (por lo que tuvo que crearse un personaje que no era)? ¿Cómo no va a depredar, alguien que aprendió que, para mantener su autoestima alta, necesita bajar la de otro? Si tuviese un mínimo de consciencia y responsabilidad en estos y otros aspectos, el perverso narcisista podría girar su rumbo. Podría.

La víctima, sin ser su intención ni voluntad, despierta al monstruo tocándole cada una de las heridas ulcerosas que el/la pervers@ lleva en su biografía personal. El perverso responde con su sutil (a menudo no tanto) agresividad, para destrozar aquel/a que pone en peligro su ego. La paradoja es que ese/a a quien quiere destrozar es al mismo tiempo alguien de quien ¡depende y necesita! Por eso destroza sin soltar. Y esto, evidentemente, confunde a la víctima mientras no es consciente de donde está metida.

¿Es la víctima culpable de algo? La víctima NO es culpable de las heridas egoicas que lleva el perverso narcisista encima, aunque éste necesite (por una cuestión de supervivencia psíquica) hacerla pagar unos platos que rompieron otr@s en el pasado. Por lo tanto, la víctima NO es responsable de las reacciones del Perverso ante lo que ést@ considera unos ataques. La víctima no es responsable de las heridas que tiene el PN, pero sí es responsable de tocarlas. La víctima debe aceptar que es imposible -totalmente imposible- no tocarlas, ya que una relación, del tipo que sea, conlleva contacto. Por eso autores como J-C Bochoux sugieren que la distancia es la medida más adecuada para finalizar tanta locura. Con distancia no hay contacto, y sin contacto no hay roce, y sin roce no hay dolor, ni agresión, ni culpables…

El narcisista aparentemente se ama, aunque en realidad no se ama bien. Sólo ama un yo ideal y ficticio, una imagen de sí mismo que necesitó crear para ser amado. Y sufre porque el yo real (el que tiene virtudes y también defectos múltiples) puede ser descubierto cuanto menos se lo espera. Para evitarlo se centra en recordar los errores y defectos de su víctima para quedar él / ella exculpado. Son personas que de pequeñ@s les ha faltado recibir amor genuino (ese incondicional) por lo que eran, no por lo que tenían que ser. Han sufrido traumas (como todo ser viviente) pero por circunstancias muy personales se enquistaron de un modo en que no los quieren ni ver. Prefieren quedarse encallados en culpar a los demás de sus conflictos. Odian, pero se equivocan dirigiendo su odio hacia sus víctimas actuales. Lo deberían dirigir hacia los que en el pasado los hicieron ser víctimas. Muchas veces, de lo que se quejan y detestan en el presente no es más que un espejo de lo que mal-vivieron en su pasado.

¡Ojalá estas personas que utilizan mecanismos perversos narcisistas dirigiesen su odio-amor hacia quien corresponde realmente! ¡Ojalá se diesen cuenta de lo que realmente se llegan a odiar y de lo que necesitan amarse! ¡Ojalá se diesen cuenta de que no son dios, ni falta que hace -serían más felices y harían más feliz a su entorno! ¡Ojalá sanaran la relación con su padre y su madre, para tener una relación más sana con el Padre y la Madre y, por lo tanto, con ellos mismos!  Serían los primeros pasos para responsabilizarse de su vida, de su miedo y su dolor; de atenuar sus delirios; de darse cuenta del sufrimiento y la culpa (a menudo ficticia e introyectada) que hay en su interior, de lo que han vivido de traumático en su infancia, de lo estéril que es culpar al prójimo y de lo innecesario que es pretender ser perfectos e inmaculados para ser queridos…

Si hubiese una semilla de consciencia germinando en estas personas, su “enfermedad” empezaría a curarse y el “monstruo” empezaría a desaparecer. ¡Ojalá germine esta semilla en ell@s!

© Xavier Oñate Pujol. Julio 2017

 

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Xavier Oñate Pujol

Psicólogo especialista en Adultos y Pareja.
Consultas en Granollers y Barcelona
Tel. 606 936 057 - E-mail: contacta@xavieronate.com

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